Caminaba por el parque, sintiendo como el viento chocaba con mi rostro, haciéndome sentir el frío y crudo sabor de la estación; mientras pequeños copos de nieve caían de los árboles, empapando mi sombrero de ese hermoso y puro color.
De pronto y en una de las bancas del parque, pude ver una silueta. Sus cabellos profundamente negros se desbordaban por aquel abrigo del mismo color, casi confundiéndose. Traía un cigarrillo en la mano derecha y un vaso en la otra, volteó a mirar hacía donde yo me encontraba... Me estaba esperando.
- ¡Jae! - levantó su mano mientras el humo del cigarrillo y el vapor proveniente de su aliento se unían.
Yo no dije nada, solo me acerqué y me senté a su lado. Su rostro tenía un tono rozado en las mejillas, algo que lo hacía ver sencillamente encantador.
- Que bueno que viniste. - lo miré ilusionado.
- Claro que sí Jae. Sabes que para eso están los amigos. - me dedicó una sonrisa.
"Amigos", lo éramos, desde hacía mucho tiempo lo éramos, pero en realidad era una palabra que yo quería desaparecer de nuestros vocabularios, para reemplazarla por la palabra "Amantes".
- Yunho... - dije en un susurro - Yo necesito decirte algo que ya no puedo callarme más.
Me miró preocupado, mientras encendía trabajosamente otro cigarrillo, estiro la mano con la cajetilla en ella, ofreciéndome uno, a lo que yo solo negué con la cabeza y sonreí.
- ¿Qué pasa? - preguntó algo confundido.
-Yo, hace tanto tiempo que.... - la garganta empezaba a cerrarse, haciéndolo aún más difícil - Yo....
- ¡Oye! - me interrumpió - ¿Por qué no vamos a mi departamento? Aquí hace tanto frió y no está lejos. - me tomó del brazo.
Sonreí. Me haría bien caminar un poco y sentir esa brisa helada en el rostro, me ayudaría a tomar valor. Caminamos, más o menos tres cuadras. Él vivía en un edificio bastante bonito y moderno, algo muy contrarío a mi casa, que era más occidental y antigua. Llegamos a su departamento, rápidamente me ofreció un trago, y así nos sentamos a beber, mientras me mostraba una de sus nuevas adquisiciones, una guitarra.
- ¿No es hermosa? - me pregunto mientras la veía embelesado.
- Sí lo es... pero sabes que yo no sirvo para ese tipo de cosas. - le contesté algo desanimado.
- Jae no seas pesimista, si nunca lo has intentado. - trató de animarme.
- Pero... no creo que sirva para la música. - encogí los hombros mientras le daba un trago a la bebida.
- Se me olvidaba que tu padre no te dejaría ni siquiera tocar una. - dijo con tono algo frío.
- Cierto, mi padre. - murmuré.
Mi padre tenía una de las más lujosas cadenas de hoteles en todo el mundo y por ningún motivo dejaría que su hijo el más pequeño desperdiciara su vida, según él, en una banda con muchachos "buenos para nada" y se alejara de los encantadores y aburridos negocios.
- Jae... - dijo sacándome de mi ensimismamiento, haciéndome sonreír de nervios. - ¿Qué era lo que me ibas a decir? - preguntó.
-Yo, Yunho... - lo mire angustiado mientras él fruncía el seño. - Yo hace tiempo que... que estoy enamorado de ti.
Por fin se lo había dicho, por fin había tenido las agallas para decírselo, solo esperaba que no fuera muy tarde o que simplemente me dijera que él no sentía lo mismo.
- Jae... - Tomó mi mejilla y me sonrió dulcemente, dejándome ver las rebeldes lágrimas que salían de sus oscuros ojos. - Yo también te amo. Te amo desde la primera vez que te vi, pero... - bajó la mirada y se limpió las lágrimas - Tu padre...
- ¡A la mierda mi padre y toda mi familia! - Alcé la voz - Yo te amo Yunho, yo quiero estar contigo - me aferré a sus hombros.
- Jae...
Me tomo de la barbilla y me beso, suave y dulcemente, provocándome desesperación. Haciéndome tomarlo de la nuca acercándolo más a mí y abriendo los labios para que su lengua se inmiscuyera con la mía, ardiente y ansiosa por probar su boca. Él solo sonrió y profundizo más el beso. Poco a poco bajo su mano acariciando mi cuello, mi pecho y mi abdomen, posándose después en mi entrepierna. Toque que me hizo gemir de placer, sus manos maestras me llevaban a la cumbre con tan solo acariciarme sobre la ropa, por fin me daba cuenta de que tantos años le habían servido bastante.
Me recostó lentamente sobre el sofá, y mientras me besaba podía sentir sus dedos luchar por quitarme el pantalón y el bóxer, poco después yo hacía lo mismo con sus ropas, podía sentir nuestras erecciones rozarse, mientras él besaba y mordía salvajemente mi pecho, haciéndome gemir escandalosamente.
- ¡Ahhh! - gemía como loco.
Bajó lentamente dejando un camino de dulces besos por mi cuerpo hasta llegar a donde mi erecto miembro le esperaba ansioso. Lo tomó entre sus manos y le dio un húmedo beso en la punta, casi haciéndome acabar en ese instante, sin embrago, puse todo de mi parte para no hacerlo, apenas era el comienzo.
- ¡Ahhh!- grité dejando salir un pequeño hilo de saliva de mis labios.
- ¿Te gusta? - me dijo traviesamente mientras bajaba un poco más.
- ¡Ahhh, sí, ahhh! - ya no sabía ni lo que decía.
De pronto pude sentir como su lengua ardiente se adhería a mi entrada, provocando me curvara mientras mi cuerpo temblaba al sentir aquella tibia y suave intromisión, siendo reemplazada inmediatamente con uno de sus dedos, mientras su boca se llenaba completamente con mi miembro.
Gemí. Tanto placer me hacía enloquecer, jamás en mi vida había sentido aquello, solo él podía ofrecerme tanta delicia. El segundo dedo entró, podía sentir como jugaba en mi interior, haciéndome cerrar los ojos fuertemente, mientras él daba lamidas a lo largo de mi entrepierna, así y antes de correrme en su boca sentí como entraba brutalmente el tercer dedo, haciéndome correrme y gemir de placer mezclado con el dolor y ardor que invadía mi entrada. Me tapé el rostro, mientras trataba de recuperar la respiración.
Sentí sus manos quitando las mías tiernamente. Sonreía aún con mi esencia alrededor de sus labios. Esa imagen me hizo sentirme un poco apenado, pero aún así acerque su rostro hacía mí y lamí lo que quedaba del blanco y espeso liquido. Me besó ferozmente mientras se acomodaba perfectamente entre mis piernas, tomo mi miembro entre su mano y comenzó a masturbarme, mientras con la otra acomodaba el suyo en mi entrada. Pude sentir como la punta tocaba mi cavidad, haciéndose camino lenta y dolorosamente.
- Jae, solo... relájate. Si no te va a doler más.
- ¡Yunho, ahhh! - las légrimas empezaban a salir de mis ojos, era bastante grueso, no sabía si podría aguantar más.
-¡Solo un poco más! - Se empujó hacía adelante fuertemente, y logró entrar, no sin antes sacarme un brutal grito de dolor. Me besó de nuevo y limpió mis lágrimas con sus labios.
- Te amo. - susurré.
- Yo también te amo. - me contestó con una sonrisa.
Aferré mis piernas a sus caderas, y lo abracé, sintiendo como a cada envestida su respiración se hacía más y más pesada, aumentando la fuerza a cada momento y con ellas mis gritos de placer. El dolor me invadió cuando sentí que entraba completamente a mi cuerpo y un calor exquisito me inundaba, se había corrido. Al sentir aquello esparciéndose en mi interior, una sensación de cosquilleo volvió a mi espalda, haciéndome explotar de placer llenando nuestros vientres.
- Jae... - susurró mientras caía desplomado sobre mí, respirando dificultosamente.
- Te amo... - lo abracé a mi pecho y le besé la frente.
Como pudo estiró la mano, tomo nuestros abrigos, los puso sobre nosotros y se acurrucó en mi pecho. Sería una tarde larga y fría pero estando juntos eso era lo que menos importaba.
To be Continue...
You!mil gracias por subirlo! assadsa como estamos sin forito es dificl, pero yo amarte
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